Crónica

Kurt Vile

Penélope

23/11/2015

Por -

Como recambio de última hora ante la cancelación de la gira europea de Waxahatchee, Lushes cumplieron con creces como teloneros, dejando una actuación memorable a pesar de que sus canciones estén lejos de ser brillantes. El dúo americano —guitarra y batería combinaba riffs del rock clásico con sonidos más experimentales, siempre sirviéndose de la distorsión y el feedback como aliados. Salieron alardeando de que querían continuar sus días de desenfreno y dieron muestra de ello en el escenario, de donde su cantante llegó a bajarse durante media canción para tocar entre el público. Muchas veces, crear confusión es la mejor carta de presentación.

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Kurt Vile llegaba tras su cuarto gran disco consecutivo, que le ha mantenido entre las figuras más deseadas del rock americano de los últimos años. Con una sala abarrotada, el estadounidense apareció con una botella de vino a medio acabar en mano no tardaría mucho en dar cuenta de ella y los otros tres miembros de su banda. Sin mediar palabra, empezaron con ‘Dust Bunnies’ y ‘I’m an Outlaw’, dos de los temas más acertados de blieve i’m goin’ down (2015, Matador). Kurt es un guitarrista con más capacidades de las que demuestra en sus discos, donde se le ve más comedido a la hora de desarrollar sus solos. En directo, el grupo le deja la libertad necesaria para alargar las canciones sin que nunca desemboquen en despropósito.

Pese a que la mayoría del concierto estuvo centrado en su último álbum, hubo tiempo para desempolvar la celebrada ‘Wakin’ On A Pretty Day’, uno de los temas centrales de Wakin’ On A Pretty Daze. Es en estas canciones largas lo mismo pasa con ‘Pretty Pimpin’ cuando Vile termina de demostrar su genio con las melodías y la guitarra. Aunque siempre ha bebido directamente de los movimientos de rock clásico de los sesenta y setenta, quizás sea en este tipo de canción donde más clara se ve esa influencia y también donde más cómodo se encuentra.

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A mediados del concierto, su grupo se tomó un breve descanso y se quedó arpegiando su guitarra durante un par de canciones. Quizás fuese porque venía de tocar las canciones más movidas de blieve i’m going down o porque decidiese incluir ‘that’s life tho’, que no suele formar parte de su repertorio y que no parece una canción realmente acertada para un directo, pero Kurt Vile aún no resulta impresionante cuando está solo con guitarra acústica. Sin el recurso de la improvisación, las canciones quedan demasiado desnudas y a veces no poseen la riqueza melódica suficiente como para sostenerlas durante mucho tiempo.

La banda no tardó en volver para empezar a profundizar en el extenso catálogo de Vile, que bien podría ir modificando casi todos sus setlists a medida que avanza la gira sin que hubiese deterioro alguno en sus conciertos. ‘Freak Train’ resultó especialmente impresionante, con un final alargado en el que los cuatro miembros del grupo crearon un muro de sonido tremendo, siendo esencial el trabajo al saxo del multi-instrumentalista Jesse Trbovich. Sin embargo aún quedaban los bises donde el estruendo y descaro de ‘Puppet to the Man’ contrastó con una muy emocionante y recuperada para la ocasión ‘Baby’s Arms’ que prolongó aún más nuestra sensación de ensoñación.

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Alberto

Madrid, '94. En contra de muchas cosas y a favor de unas cuantas.

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