Crónica

Iron & Wine

Barts

07/11/2015

Por -

Con cierto retraso, Sam Beam, salía al escenario de la sala Barts donde le esperaban un par de guitarras acústicas y un raquítico bodegón formado por dos botellas de agua y una copa de vino tinto a la que acudiría en alguna que otra ocasión. Se le veía afable, distendido, hasta cierto punto achispado, y nada más pisar la tarima se mostró agradecido con el público, que rebosaba por los palcos y era mayoritariamente extranjero.

Tras una breve introducción arrancó con una irreconocible versión de ‘Such great heights’: desnuda, apretada (casi se podía escuchar las sílabas rodar por el mástil), y cercana, marcando así el devenir del concierto. Esta gira, conmemorando el trece aniversario de su primer largo The creek drank the cradle, quería alejarse del barullo de las anteriores y hacer algo especial, como dar la oportunidad al público de elegir el setlist de cada noche.

Lo que en un principio parece una idea atractiva sobre el papel no lo fue tanto en su ejecución. El palco y las butacas se convirtieron en un gallinero donde el que chillaba más fuerte era quien se llevaba el premio, y cuando por fin nuestro barbudo se disponía a ejecutarla no siempre se acordaba de la letra o bien el tema requería una afinación distinta.

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Todo esto, unido a un dicharachero Beam, interrumpiendo algún tema que otro con tics y chascarrillos, dio la impresión de que lo más importante era pasárselo bien y no tanto dar un gran concierto. Así alternó partes olvidables (y olvidadas) como ‘Jesus the mexican boy’ con ‘Jezabel’, ‘Fever dream’ o ‘Far from home’, pedida por un grupo de guiris a viva voz justo detrás de mí.

No escatimó en el repertorio, sonando un gran número de temas de buena parte de su discografía, como la bonita ‘Tree by the river’, de Kiss each other clean (2011), ‘Passing afeternoon’, de Our endless numbered days (2004), ‘Lover´s revolution’, de Ghost on ghost (2013) o ‘Resurrection fern’, de The shepherd´s dog (2007), entre muchas otras. Incluso le dio tiempo a presentarnos un nuevo tema ‘Backwater bird’ que a decir verdad, sonó fantástico, porque, críticas aparte, y obviando algún elemento prescindible, ayer nos trasladó por momentos a un atardecer de Carolina del sur, con sus campos inmensos y el trigo peinado por el viento de la tarde.

Antes de dar paso a los bises tocó la escalofriante ‘Flightless bird, american bird’, precioso telón para la primera parte del concierto, aunque apenas unos minutos más tarde nos regalaría ‘Lover´s revolution’ (algo indigesta en su tramo final) y la necesaria ‘Naked as we came’. No fue todo lo que pudo ser pero  fue un placer tenerle de vuelta por estas tierras. Que no tarde en volver.

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Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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