Crónica

Daniel Martin Moore

Berlín

09/03/2015

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Una visita tan excepcional como la del músico de Kentucky Daniel Martin Moore merece ser el objeto de máxima atención. Sin embargo, en Zamora este hecho pasó prácticamente desapercibido, encontrándonos poco más de una decena de espectadores dispuestos a disfrutar, del que me atrevo a decir, que ha sido uno de los conciertos más especiales de la Sala Berlín a lo largo de sus 10 años de trayectoria. Delicadeza, solemnidad, una mirada sincera y canciones de corazón folk que brillaron en todas las dimensiones. Un músico que mostró que no hace falta una gran instrumentación si las canciones son realmente buenas y la forma de interpretarlas trasciende al plano sentimental.

Un concierto en el que Daniel nos presentó buena parte de los temas de Golden Age, el tercer trabajo en solitario que editará a lo largo del verano. Alternándose entre la guitarra y el teclado, pudimos comprobar como sus canciones contienen la esencia de la americana más aferrada, al mismo tiempo que nos demostró una sutileza propia de grandes como Damien Rice o Glen Hansard. Una extraña sensación de felicidad nos recorría la mismo tiempo que observábamos unas canciones lánguidas pero de extrema belleza como ‘Every Color and Kind’. Una ambiente calmado y placentero que no suponía entrar en ninguna reflexión para el público, algo que siempre viene bien y que es de agradecer.

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A lo largo de la noche, Daniel atendió todo tipo de peticiones de temas al mismo tiempo que nos detalló alguno de los entresijos de ellos. De este modo se atrevió a interpretar totalmente a capella ‘In the Cool of The Day’, aferrándose con fuerza al mástil de la guitarra como si lograse impulsar su tenue pero sobrecogedora voz. Temas recogidos que no tenían la grandilocuencia de los grandes del folk pero que evocaban sentimientos mucho más plenos. De este modo, el ambiente era propicio para dejarnos llevar hacia un estado de admiración por unas canciones repletas de acordes menores como ‘Proud As We Are’, donde la voz de Daniel pareció que se ensombrecía de una forma reconfortante.

Llegaban los bises del concierto en los que el músico decidió desenchufar su guitarra, bajándose del escenario y acercándose aún más a nosotros. Otro momento de gran entusiasmo en el que aprovechó para adentrarse aún más en los orígenes de la canción americana. Así llegó ‘I Don’t Want To Set The World On Fire’, un tema de Ink Spots, un grupo que como nos comentó el músico, revolucionó el rhythm & blues en las primeras décadas del pasado siglo. La sensación de estar viviendo un momento tan especial, fue tal que el dueño de la sala decidió descorchar el cava y convertirlo en algo aún más inolvidable. Una gran fortuna vivir una noche como aquella en la que nos llevamos un pedazo de la radiante calidez que desprende Daniel Martin Moore.

Noé R. Rivas

Estudiando teleco y escribiendo sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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