Crónica

Chucho

Porta Caeli

26/10/2013

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Había muchas ganas de comprobar en primera persona el regreso de Chucho a los escenarios. Estas ganas no se tradujeron en una respuesta masiva de público a la sala Porta Caeli de Valladolid sino en la fidelidad de los que acudieron. Y es que cuando pasa casi una década y la gente sigue respondiendo con el mismo entusiasmo que el primer día, la banda ante la que estamos debe de ser realmente buena buena.

Fernando Alfaro y los suyos no defraudaron. Volvieron igual que lo dejaron. Sus letras despiadadas e intensidad instrumental permanecen intactas, recordándonos todo el salvajismo de su música que allá por los noventa los situó en cuotas muy elevadas. Arrancando con ‘Conexión de Hueso’, pronto supimos las directrices que iba a seguir la noche.

Hachazos de distorsión sonora y aspereza. Quizás este sea el mejor modo de definir las canciones de Chucho. Resulta bastante difícil de transmitir la forma en la que la banda interpreta de forma visceral el contenido de sus canciones. Este es el caso de ‘Motor de perro negro’, donde las guitarras toman una contundencia que minutos antes del concierto no podrías haber imaginado. De este modo, el público cada vez fue captando más y más la rabia transmitida en cada tema. Claro ejemplo de ello fue otro de los cortes más crudos de la noche como ‘El ángel inseminador’ donde la distorsión de las guitarras que acompaña a todo el tema penetraba como cuchillos en el tímpano de los presentes.

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Tema tras tema, el público se iba entregando cada vez más a la causa, recordando estrofas y melodías con sabor a épica como es el caso de ‘Ricardo Ardiendo’. En temas como este es donde podemos comprobar la dualidad de Chucho, ya que no solo tienen temas desgarradores sino que también echan buena mano a melodías más luminosas de estribillos redondos. Esa es la parte buena de este grupo. Sabe calmar las pulsaciones en el momento preciso para regresar con el chuchillo entre los dientes.

Tras enlazar ‘Cirujano Patafísico’ con ‘Alicia Rompecuellos’ tuvimos un momento donde estas melodías menos agitadas estuvieron muy presentes gracias a la bonita ‘Visión Rayos X’. A pesar de tener una parte musicalmente menos intensa, el contenido de estos temas sigue entrañando cuestiones profundas. Cuestiones igual de interesantes a las planteadas en ‘Huracanes con nombre’ el único tema nuevo que cayó a lo largo de la noche, donde comprobamos que la densidad y oscuridad va a estar muy presente en las composiciones futuras.

Adentrándonos ya casi en la recta final, la saturación sonora alcanzó su máximo a base de temas despiadados como ‘Esto es mi sangre’ donde el propio Fernando Alfaro acorta aún más distancias con el micrófono para gritar eso de “menos mal que la sangre no llegó al río”. Las melodías coreables y el júbilo entre el público no pudo llegar de otra forma que no fuese con ‘Magic’, todo un himno generacional que representa la antítesis de otros muchos temas de la banda. Sin embargo, el fin del concierto estuvo marcado de nuevo por el descenso a los infiernos con ‘Inés Groizard’ como bis. Un final tenebroso y apocalíptico para un concierto muy completo, en el que casi no hubo tiempo para el respiro. Una gran noche para recordar tiempos pasados, asumir que el paso del tiempo no es tan malo y descubrir que la vida ofrece segundas oportunidades. Ahora ya sabemos que la máquina de Chucho está en plena forma y que el humo es más negro y denso que nunca.

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Texto: Noé Rodríguez

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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