Crónica

Beach House

Razzmatazz

28/09/2018

Por -

Tras seis álbumes de estudio y dejando a un lado el insustancial Thank you lucky stars y el prescindible recopilatorio de caras B y rarezas, se imponía una redefinición del sonido del dúo de Baltimore. 

Conscientes de que el cartón iba asomando por algunas de sus composiciones, en su nuevo trabajo 7 han pedido ayuda a Sonic Boom (arquitecto de sonido de Spectrum o Spacemen 3) y, cual zahorí, ha hecho que fluya todo un torrente expresivo que se traducen en algunos de sus mejores minutos desde el ya clásico Teen Dream. 

Partiendo de esta premisa, había ganas de comprobar cómo se trasladaba al directo el séptimo álbum de la pareja, quienes acababan de tocar la noche anterior en la sala La Riviera en Madrid, entregando un setlist muy parecido al que desgranarían en la sala barcelonesa. 

Como una metáfora de su propia música, el dúo salió al escenario entre tinieblas y con sus siluetas recortadas por una pantalla en la que se dibujaban destellos y dibujos psicodélicos; una dualidad que se materializa en el arranque de ‘Levitation’, como siempre, levantada a media voz y en sordina, envuelta en ese halo onírico que tan bien le sienta a la pareja. 

Tras la cortinilla inicial y tras ir calentando la sala con ‘Wild’,  cayó una de sus composiciones más íntimas y bonitas, ‘PPP’. Teclados subyugantes y el suave punteo de Alex Scally arropando la andrógina voz de Victoria Legrand, no exenta de cierto reproche en cuanto a un sonido no del todo diáfano, inconveniente que quitaría estrellas al concierto que ofrecieron. 

‘Dark Spring’ abrió la carpeta de su nuevo trabajo, con un inicio abrumador en la batería de James Barone, quién también golpea parches en el disco del que caerían nuevos temas como la psicodélica ‘Woo’ o ‘Lemon glow’, con la que se despedirían hasta los bises. 

‘Black Car’ define perfectamente la entrada al quirófano de su sonido: mientras antes había una predilección por la melodía, ahora hay una inclinación por la textura, un mimo por el detalle que abriga al timbre, una intención por ahondar en las atmósferas grises, siempre a media luz. 

Sin olvidar viejas dianas de anteriores giras como ‘Myth’, ‘Lazuli’ y ‘Sparks’, entre otras, el show sirvió de perfecto escaparate para demostrar que sus nuevas ideas funcionan perfectamente en directo: el maravilloso martilleo hipnótico de ‘Drunk in L.A.’  se erigió como uno de los triunfadores de la noche; si bien no se olvidaron de repasar prácticamente la totalidad de su discografía, con paradas en Devotion, Bloom o Thank You Lucky Stars. 

Precisamente, tras la maravillosa ‘Space Song’, rescataron la primeriza ‘Heart of Chambers’, con esa economía de medios tan suya: caja de ritmos, leves punteos y Victoria Legrand adueñándose de todo con su voz. El último tramo del concierto pecó de cierta planitud con reproducciones algo descafeinadas de ‘Girl of the Year’ o ‘Take Care’ aunque, tras un amago de fuga, volvieron al escenario para interpretar ‘Real Love’, quizás no la mejor opción para paliar cierta anemia emocional en el público, que recibió con alegría el cuelgue lisérgico de la descomunal ‘Dive’, estirada y regurgitada para deleite de todos los que estábamos allí presentes.

Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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