Crónica

Alexandre Lacaze

Berlín

30/04/2015

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Alexandre Lacaze es uno de esos músicos que afrontan sus composiciones de la forma sentimental más desnuda posible. Canciones que parten de cualquier elemento que pueda generar expectación para sacar su contenido y cubrirlo de ese influjo tan intrínseco que tiene la chanson francesa de aires mediterráneos. Una trayectoria recogida a lo largo de estos años bajo su proyecto L’Avalanche y que hace dos años dio el salto en solitario con su primer disco en solitario titulado Les Recifs de L’Espoir. El concierto que nos ofreció la pasada noche en la Berlín podríamos calificarlo como una auténtica aventura en las que el músico recoge la esencia de sus canciones y la cubre bajo un manto de crudeza.

A lo largo de su actuación, acompañado por Álvaro Larrory a la batería, nos demostró como los susurros de sus temas podían ser convertidos rápidamente en gritos inapelables. Una concentración extrema en el contenido de las canciones que se manifestaba en poderosas voces y una forma intensa de tocar la guitarra. Cambios de intensidad progresivos en ocasiones y de enorme brusquedad en otras para dar rienda suelta a la pasión de las canciones. La tímida luz verde que inundaba el escenario se presentó perfecta para dejar brotar de nuestro subconsciente todas esas experiencias donde el aislamiento puede suponer algo placentero. A nuestros oídos llegaban unas texturas folk que nos recordaban a un Elliott Smith más agitado y dando muestras de una mayor admiración por todo lo que le rodea.

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Presentándonos buena parte de su citado primer trabajo en solitario, Alexandre no dudó en traducirnos y explicarnos el contenido de los temas, dejándonos ver como sus historias vitales se entremezclan con ideas tales como la eternidad, el efecto del pasado o el amor. De este modo canciones como ‘Alice derrière le miroir’ impactaban más fuerte en nuestro circuito emocional, dejándonos llevar por una dulzura que poco a poco se transformaban en una brutalidad representada en lo que vienen a ser las grandes cuestiones. Más momentos de emocionante intensidad llegaron con ‘Coquillage’ y ese anhelo por poder estar libres de temores. Tampoco podía faltar en este crónica la interpretación de ‘Les fleurs immortelles’, la canción que podría suponer la síntesis perfecta al concierto. Una velada de íntimo disfrute, de pequeños momentos en los que resulta fundamental tener conciencia de que serán muy difíciles de repetirse.

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Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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