Crónica

Coldplay

Estadi Olímpic

26/05/2016

Por -

LA VIDA ES CHULA

Con la paulatina pérdida de interés artístico, que no comercial, en los últimos largos de la banda de Londres, se ha hecho casi imperativo degustarlos en formato pequeño, dejarse llevar por sus (aún) efectivos sencillos y calentar el índice para presionar el fast-forward. Queda lejos cancioneros del empaque de sus dos primeros trabajos: sólidos, compactos, donde había manotazos por elegir quien sonaba en la emisora de turno; ahora la cosa parece menos democrática y –más- obvia: su andamiaje queda relegado a aguantar el peso de tres o cuatro dianas certeras y el resto anodinas piezas que justifiquen la panoja del álbum.

Con un ligero retraso de unos veinte minutos, y con el ‘Mio babbino caro’ entonado de Maria Callas, como antesala del show, el cuarteto salió al Estadi Olímpic dejando las cosas claras desde el primer momento: aquello iba a ser todo un espectáculo, con todo lo bueno y malo de ello.

 De esta modo, abrieron con ‘A head full of dreams’ entre pirotecnia, pantallas troqueladas a modo de flor, confetis y como, curiosidad, se activaron unas pulseras que se habían repartido en la entrada emitiendo destellos luminosos al compás de la música. Todo ello infalible y más si añades una sequía de siete años sin tocar en la capital catalana. Los británicos, viejos zorros, supieron meterse en el bolsillos a las más de 50.000 almas que abarrotaban el estadio desde el minuto uno y en apenas cuatro canciones dieron buena cuenta de sus más de cinco lustros en el mundillo musical.

Tras el atronador inicio prosiguieron con  ‘Yellow’ , donde dejaba  en evidencia la voz degastada de Chris Martin –problema que se repetiría a lo largo de la velada- y con la infalible ‘ Every teardrop is a waterfall’, paseando una senyera por el escenario y que más tarde acabaría donde la espalda pierde su nombre, a modo de improvisado  pavo de real.

Acto seguido, rebajaron la intensidad con la bonita ‘The Scientist’, donde Martin se colocó delante de un piano para corear junto a sus fans un sentido ‘I´m going back to the start’, quizás también dándole un respiro a sus cuerdas vocales, algo mermadas en muchos momentos

‘Birds’, su siguiente tema, los devolvió al brío incial, contagiando ese buen rollo que trasmite su nuevo álbum, lejos del  tristón ‘Ghost Stories’; en  esta ocasión y, como veríamos a lo largo de la noche, la banda nos sume  en una algarabía de colores (cálidos y chillones), de optimismo, de cercanía –desde las pulseras donde todos los asistentes sincronizaban con el latido de la banda a su spanglish, quien sabe si gracias a la clases particulares de Paltrow-.

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Tras la verbena ‘Paradise’, se trasladaron a un pequeño escenario situado en el medio del Olímpic donde Martin presentó a  los miembros de la banda en un español de Albacete.Allí perpetraron entre otras, un emotivo ‘Everglow’o la interesante ‘Magic’, con el repiqueteo electrónico secundando la glotis de Martin, para acto seguido volver al escenario principal para presentar uno de los temas más esperados de la noche: ‘Clocks’. El tema de su segundo trabajo fue presentado en un  riguroso rojo que cubría todas las imágenes del escenario y fue, junto a los bombazos de ‘Charlie Brown’ –aquí sí sonaron engrasados- y  ‘Hymn for the Weeekend, con las voces pregrabadas de Beyoncé  y presentada por un ‘vamos a saltar juntos’ en español, uno de los mejores tramos del jueves , apostillado por un as ganador: ‘Fix you’. En ella,  el inglés paseó por la pasarela que conectaba los dos escenarios  para luego ejecutar la parte final al piano con  sus fans ,entregados a la  gesta de almidonar el estribillo al tiempo que otra traca de fuegos artificiales empujaba el punch a la estratosfera.

La recta final del show antes de los bises la reservaron para desgranar dos de sus piezas más celebradas: ‘ Viva la vida’, con sus maravillosas cuerdas y la bienvenida ‘Adventure of a Lifetime’, en la que el cantante invitó al público a marcarse un ‘abajo, abajo’ para luego saltar todo el estadio al unísono, redondeando uno de los temas que le habla sin pudor a los clásicos de su repertorio; todo ello decorado por una marabunta de antebrazos que, como un manto de luciérnagas , chisporroteaban entre globos y confeti.

Para los bises, la banda optó por otro  escenario más reducido, ubicado  enfrente del principal, justo en el otro extremo donde atenderían una de las peticiones que le habían hecho en llegar a  través de Instagram: ‘See you soon’, de su  ep ‘ The blue room’, a la vez que le sacaban el polvo a otro de sus temas más queridos, el seminal ‘Don´t panic’.

La traca final, otra vez de vuelta al escenario grande, empezó tímidamente con ‘Amazing day’ para ir ganando intensidad con ‘A sky full of stars’y una deslucida ‘Up & Up’ que comenzó a trompicones, acoplada, pero que poco a poco  corrigieron con más ganas que resultados; aunque a estas alturas de la noche, con la mascletá de fuegos artificiales y con el subidón grupal que supuraban los feligreses, poco importaba ya.

El problema de la noche, quizás el problema de Copldplay en general, es haberle dado demasiado importancia a la confección de un traje de gala de muchos quilates –pero como lo puede ser un Swarovski- , de mucho brillo pero de talla tosca, quizás más preocupados por los trampantojos del escenario que por ofrecer un show sincero y  un sonido decente ,y es que  hasta la bien entrado el concierto no sonaron bien.

De todas maneras, con todos estos artificios es imposible que no caigan en gracia, máximo con una propuesta tan friendly  como iimpostada -hasta la versión de ‘Heroes’ pareció de cartón piedra- pero a estas alturas, tras casi veinte años de trayectoria, la banda se debería replantear si está dispuesta a sacrificar épica por honestidad, música por espectáculo.

PUNTUACIÓN: 7

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Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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