Crónica

Band of Horses

Apolo

08/09/2017

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La cola rodeando la esquina del Apolo confirmaba las ganas que había de ver a los norteamericanos, que volvían a tocan en una sala barcelonesa después de seis años, sin contar su anterior actuación del Cruïlla de hace tres veranos. Dentro, lleno absoluto, a pesar de coincidir con el concierto de Interpol en otra parte de la ciudad.

Con diez minutos de retraso, Ben Bridwell y los suyos, mermados tras la marcha de dos de sus miembros, aparecieron al escenario derrochando simpatía y ganas de hacer pasar un buen rato a un público que venía encandilado desde casa.

Para que nadie dudara que están todavía girando su último trabajo hasta la fecha, el correcto “Why are you ok” (Interscope, 2016), abrieron con nada menos que con tres de sus canciones: “Dull times/The moon”, “Hag” y”Throw my mess”, a las que intercalaron incluso una versión The Replacement, “Can´t hardly wait”. El inicio fue titubeante, no solo por la elección desacertada de canciones que planean en la parte baja de su repertorio sino por constatar cómo la voz de Bridwell quedaba ahogada por la guitarra de Ian MacDougall, y que saldría a la luz en contadas ocasiones del show, justo cuando rebajaban los decibelios y atacaban su faceta menos eléctrica.

“St. Agustine” supuso la primera concesión a su glorioso catálogo donde se dan un apretón de manos el rock clásico con el country , y allanó el camino para la preciosa “No one´s gonna love you”, que ni la voz en horas bajas de Bridwell pudo estropear, y sin tiempo casi para reponernos, cambio de guitarra en mano (y fueron muchos) atacaron “Islands on the coast”, incluído en el magnífico “ Cease to begin” que ahora cumple diez años .

Si bien es cierto que en el apartado vocal el show flojeó en varias ocasiones, la banda se mostró en todo momento enérgica y dispuesta a ofrecer un buen espectáculo, aunque a veces hubiera sido deseable cocinar y paladear un poco las canciones y no ejecutarlas con el cronómetro en mano. No fue el caso de “The General specific”, con el espíritu de Graham Parsons asomando por la tramoya, donde realmente la voz de Ben Bridwell se sintió cómoda ( y nosotros felices).

El último tramo del concierto basculó entre desempolvar viejos temas “The great salt lake”, “Weed party”, y reafirmarse en la presentación de su último disco añadiendo más canciones a la noche: “Solemn oath” y la espléndida “In a drawer”, que ya se ha hecho hueco entre sus repertorio más querido; del malogrado “Mirage Rock” (Columbia, 2012) ni rastro.

Con la gorra sudada y las greñas pegadas a las sienes, Ben Bridwell y los suyos se retiraban tras el escenario después de revisar “Laredo”, y aunque nadie podía quejarse del número de canciones, el público se resistí a marcharse sin oír la inevitable “The funeral”.

Y no vino sola, los bises los arrancaron con otra maravilla, “Is there a ghost”, donde el público se rindió a la épica de los de Seattle, que , delirio, mediante, condujo a la catarsis de “The funeral”, perfecto final para despedir la noche . Constipados aparte, problemas de sonido y a falta de un buen reconstituyente –los de Seattle encaraban la recta final de una gira mastodóntica-, el ajuste de cuentas con la ciudad condal dejó un gusto agridulce, solo solventado en ocasiones por la actitud y las grandes canciones de los norteamericanos. Más músculo que pulso.

Ruben
Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.

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