Crónica

AIR

Jardins de Pedralbes

10/07/2017

Por -

Recuerdo que ese día fui en tranvía hasta Palau Reial, muy tranquilo, con hora y media de antelación, escuchando el ‘Moon Safari’ por los auriculares. Recogí la invitación, pasé el checking de seguridad y una vez allí dentro me quedé completamente atónito. Todo tenía una producción loquísima, como si hubiesen juntado todas las zonas vip de los festivales a los que vas en verano es un mismo jardín (precioso, por cierto). Gente comiendo ostras y bebiendo cava, un montón de personal trabajando, todos con su indumentaria de resort caribeño, muebles de diseño, un grupo pop local tocando de fondo (del que mejor no voy a comentar nada), etc. Te querían hacer sentir que valías, que tú y tu dinero sois importantes aquí, que estabas dentro del lobby. Yo más bien me sentía como un marciano. Que no se entienda como algo negativo, esto al final te va o no te va, a mí me trataron en todo momento como un príncipe y no tiene sentido que me queje por ello. Esperé un rato en una tumbona leyendo twitter y fui hacia la zona del escenario, que quedaba poco para que empezasen Air.  

Los franceses realizaron el mismo setlist que han venido haciendo a lo largo de toda su gira, sin cambios ni variaciones locas, todo perfectamente estudiado y con una pulcritud extrema, como buscando rozar la perfección en algo que por antonomasia nunca puede llegar a serlo: un directo. Tú has tenido la molestia de venir hasta aquí y pagar tu entrada y yo te voy a dar el concierto que te mereces. 

Subieron al escenario Jean-Benoît Dunckel y Nicolas Godin vestidos de un blanco impoluto como ya viene siendo habitual. El primero se encargó de las voces, teclados y sintetizadores principales. El segundo; guitarra, bajo, voces con vocoders, banjo y apoyo en sintetizadores en algunos temas. La banda la completaba un miembro más a la izquierda con más teclados y sintetizadores (en total llegué a contar doce) y otro a la derecha encargado de la batería y pads de percusión, ambos con la indumentaria acorde, como sacados de un remake del ‘Funny Games’ de Haneke. 

El concierto empezó con un ‘Venus’ quizá algo frío, no tanto por una cuestión suya sino más por una adaptación nuestra al momento y el incordio de la gente que había llegado tarde y aún estaban buscando su asiento. Terminó, unos segundos de tímidos aplausos y de golpe ¡pam! ‘Don’t be light’, mi perdición. Ah, ahí sí que nos vinimos arriba unos cuantos. Al final un concierto de Air es inmersivo o no es, y ahí los franceses sí que consiguieron sumergirnos para el resto de hora y media que duraría el concierto. Unas líneas de bajo loquísimas de Nicolas, el batería a lo suyo, enérgico y preciso al mismo tiempo, los sonidos oníricos de los sintetizadores, combinación perfecta de lo analógico y lo digital, las voces de Jean-Benoît que levantaban los pelillos del brazo… seis minutos de puro magnetismo que nos impedían tener la cabecita quieta y el culo en la silla. 

Y de seguido la preciosísima ‘Cherry Blossom Girl’. Para mi Air es este momento exacto de transición. ¿Te han gustado estos minutos de spacerock y electrónica finísima? Toma ahora unos pocos de dream pop y música ambient. Todo a un nivel altísimo, todo el rato, como si estuviesen jugando en otra liga.  

Para no hacer la crónica eterna, de las restantes hasta el descanso me quedo con la versión instrumental de ‘Playground Love’ (de la misma forma como la tocaron en el PS2016, pero que aún consigue ponernos tiernos), la absurdamente increíble interpretación de ‘Alpha Beta Gaga’ (absurda porque no te crees que una melodía de cuento infantil pueda combinar tan bien con un fondo psicodélico hasta que lo ves en directo) y la hermosísima ‘Kelly Watch the Stars’. 

Tampoco tiene mucho sentido hablar del concierto sin hablar del lugar y el ambiente. Este directo se exigía como algo íntimo y los Jardines de Pedralbes se lo dieron. Hacía mucho tiempo que no estaba en un lugar al descubierto con una calidad de sonido tan alta, y darle esto a un grupo de tanta técnica como Air es un regalazo tanto para ellos como para nosotros. Los visuales acompañaban a la perfección, más coloridos en los momentos más eufóricos y más atmosféricos en los momentos más oníricos. Clima idóneo, la música de los franceses de fondo, los árboles y el palacio de los jardines detrás suyo… me sentía como en una viñeta de Moebius.  

Tras varios minutos de aplausos, golpes en el suelo y gritos del público pidiendo más, los franceses volvieron a salir al escenario con una sonrisa en la cara y el tridente de oro en la mano: ‘Alone in Kyoto’, ‘Sexy Boy’ y ‘La Femme dArgent’. Las dos primeras de sobresaliente, la última de matrícula de honor. Aquí se permitieron el lujo de jugar un poco más, cambiar la estructura original de la canción de 1998 para llevarla por todo lo alto y que sirviese de despedida. Air son muy buenos haciendo algo que es complicadísimo: alargar notas y estrofas sin llegar a aburrir nunca, mantenerte en un estado de tensión constante. Suben, bajan, suben, bajan, y tú no puedes parar de prestar atención. Los siete minutos que dura la original se convirtieron en casi once, con variaciones y adicciones constantes, como si tratase de una jam session. Para mí fue un mantra.

Al acabar, dejaron los sintetizadores encendidos y se acercaron a reverenciarse al público. Todo el público se levantó de sus butacas y aplaudió eufóricamente durante un par de minutos, como sintiendo que era todo lo que podíamos darles después de lo que nos habían ofrecido. Aún recuerdo lo emocionado que salí de los jardines, con el móvil en la mano mandando audios a todo el mundo sin poder articular mucha palabra, pensando que era el mejor concierto que había visto e iba a ver en lo que resta de 2017. Lo sigo pensando.

Crónica a cargo de Jorge Rodríguez Pascual

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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