Conociendo a

Sunflowers

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En muchas ocasiones sabes cuando estás ante una de esas bandas que es muy buena en lo suyo. Este es el caso de los portugueses Sunflowers, el dúo de Oporto que en estos últimos años ha facturado un conjunto de canciones donde el fuzz y el psych rock más recrudecido son los protagonistas. Desde que publicasen su EP homónimo en 2014, la formación no ha parado de llamar la atención a todos aquellos interesados por los sonidos aguerridos pero que de vez en cuando se dejan domar. Abriendo para formaciones como The Oh Sees o The Black Lips, poco a poco se han ido ganando un hueco internacional girando por media Europa y participando próximamente en festivales como el Bristrol Pysch Fest. La combinación que convierte sus canciones en algo tan atractivo reside básicamente en esa capacidad para que todo suene de una forma cavernosa, con guitarras rígidas que se encierran muy bien en la repetición de melodías certeras. El giro experimentado desde sus primeras grabaciones, donde apostaban por un formato más garagero, más propio de la búsqueda de la aceleración constante, poco a poco ha ido dejando paso a una versión más relacionada con algún que otro matiz más stoner y el rock lanzado a por la despreocupación. Buena muestra de ello fue su primer LP The Intergalactic Guide to Find the Red Cowboy, publicado el año pasado.

Con un ritmo compositivo más que envidiable, no hemos tenido que esperar mucho a que Sunflowers volviesen atacar, entregándonos su completo Castle Spells. En esta nueva referencia nos encontramos a una banda de lo más incisiva, que sabe muy bien cómo controlar todo el ruido de fondo manteniendo un primer plano de lo más incisivo. Por primera vez la combinación vocal femenina-masculina funciona a la perfección, enfatizando cada uno de los componentes aquellos momentos en los que el enloquecimiento tiene que entrar por los cuatro costados de los temas. Así es como dan vida a un formato de canción de lo más ácida, donde los ambientes parecen siempre esconder un cierto peligro o simplemente ejercer su función de disuasivos en el contexto de los temas. Todo un acierto si tenemos en cuenta la ejecución de sus guitarras a modo de impulsos nerviosos como ocurre en el tema titular del disco, sintiendo muy de cerca su capacidad para electrificar de la mejor forma posible sus canciones. Ahora sólo queda que sigan expandiendo sus horizontes, como lo harán el próximo sábado 30 de junio llegando por primera vez al sanabrés Maketa Fest.

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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