Conociendo a

Seda

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Resulta fascinante como la escena gallega de pop más sumergida está en constante reinvención, encontrándonos a un núcleo de bandas con proyectos de lo más fascinantes. Moviéndose todo en un núcleo de amigos cercanos, a lo largo de estos últimos meses nos han impresionado sobremanera las composiciones de bandas como Dois o Mundo Prestigio, llegando ahora las novedades en torno a otro proyecto fascinante como es el caso de Seda. La banda asociada al sello La Melona e integrada por Nelo, Oscar Raña y Brais Otero publicó en 2017 un EP homónimo donde las estructuras mostradas entorno a un pop de lo más expresivo junto al rap resultaron muy sorprendentes. En tan solo tres canciones lograron condensar sonidos propios de la electrónica más minimalista y lanzada a por lo enigmático, como bien ocurrió en el tema final ‘Pretérito Imperfecto’. La completa sensación de no saber hacia dónde se dirigían estos temas resultaba una de las mayores características del EP, pudiéndonos sumir entre texturas ambientales de lo más relajadas hasta ritmos de lo más incipientes donde soltar estrofas vocales de lo más libres. Al mismo tiempo, la incertidumbre acerca de qué faceta es la que más predomina en sus composiciones es algo que también acaba por estar presente.

Un par de años después nos entregan otro nuevo EP titulado Fer, reflejando una vez más su inconformismo a la hora de lograr un abanico de posibilidades aún mayor. Jugando más que nunca con una nebulosa sintética donde la libertad resulta total para mezclar diferentes bases rítmicas aparentemente lejanas entre sí, Seda son capaces de mostrarse también más concisos a la hora de reflejar sus ideas, tal y como ocurre en la inicial ‘Nieve en el Ático’. Encontrándonos ante lo que sería el concepto más cercano a la improvisación llegamos hasta  ‘Cueva’,  donde podemos hacer una idea de hasta donde se extienden los límites creativos del grupo. A lo largo del tema parece que todo está formado a partir de recortes de lo más inteligentes de diversas conjeturas sonoras del grupo, tratando de encontrar un nexo de unión muy bien representado en un ambiente heredado del bedroom pop más narcótico. Tampoco podemos pasar por alto la final y alucinada ‘Trenzas’, tirando por la vía más clásica del rap nacional muy bien llevada hacia unas bases de lo más magnéticas. En definitiva, un grupo de esos que cabría esperar que llegase en el siglo XXII.

Noé R. Rivas

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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