Conociendo a

Ovlov

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Dentro de todo el espectro de sonidos noventeros más o menos rugientes, siempre hay bandas que llaman especialmente la atención por la forma que tienen de integrar el apartado melódico a la contundencia que destilan sus guitarras. Esto ha ocurrido siempre en mayor o menor medida, empezando hace varias décadas con Built to Spill hasta encontrarnos a bandas más actuales como los desaparecidos LVL UP. De una forma similar podríamos aplicar este principio a Ovlov, una de esas formaciones que entienden la aspereza de su instrumentación como la vía perfecta para que sus melodías resulten de lo más liberadoras.

Formados allá por 2009 en Newtown (Connecticut), el grupo se encontró desde muy temprano de lo más cómodo en ese espectro que cubre desde los Sonic Youth más sucios hasta los momentos de mayor furia logrados por Weezer. Una combinación que plasmaron a las mil maravillas en su EP debut Crazy Motorcycle Jump. En él nos encontramos con unas canciones que siempre tenían una línea de bajo de lo más marcada, casi cercana a géneros extremos pero que en el fondo siempre acababa por encerrar un lado desbocado que no acababa de explotar al máximo.

Avanzando en el tiempo, tenemos que viajar hasta 2011 para encontrarnos con su siguiente referencia. En esta ocasión volvían a recurrir al formato EP con What’s So Great About The City?, un trabajo que mostraba una clara evolución hacia unos terrenos más relacionados con el noise noventero  y la habilidad para comenzar a lograr canciones de matices por momentos melancólicos, sacando ese lado tan lacrimógeno que por momentos nos transmiten Granddady. Por ello podemos decir que este es el punto de inflexión que a partir de aquí guiará su carrera.

Una vez demostrada su nueva dirección, llegó el momento de afianzarse con el que fue su primer LP titulado am. El trabajo que se publicó en 2013 a través de Exploding in Sound Records, supuso una apuesta total por enmascarar buenas melodías entorno a unas guitarras de lo más robustas, intentando romper cualquier tipo de monotonía que estuviese presente a través de muros de sonido muy bien modulados. Por todo ello comenzaron a llegar mucho más lejos de su Newtown natal, confirmándose como una banda capaz de transmitir crudeza pero mantener al mismo tiempo un corazón de lo más quebradizo.

Justo cuando todo parecía marchar sobre ruedas llegó un parón que en un principio se vislumbró como el fin del grupo. Un split junto a Krill, LVL UP y Radiator Hospital marcó el adiós. Sin embargo su regreso se produjo el año pasado, reeditando todo su material que tenían disponible hasta el momento, dejándonos con la sensación de que una de las mejores bandas de noise rock de los últimos años estaba de vuelta y se encontraba preparando grandes cosas.

Nuestras elucubraciones acerca de nuevo material eran ciertas, ya que hace unas pocas semanas por fin hemos tenido nuevo trabajo. En su nuevo TRU nos encontramos a una banda igual que lo dejó, aunque si bien es cierto podemos sentir como han intentado madurar su sonido destapando unas mayores y precisas transiciones entre los momentos instrumentales más furiosos. Tan solo la apertura del disco con ‘Baby Alligator’ ya merece la pena en base a esa apariencia tormentosa que en el fondo esconde un poso sereno, casi reflexivo. Una auténtica alegría tenerlo de vuelta, algo que será un más gratificante si algún día se vienen de gira a nuestro país.

Noé R. Rivas

Estudiando teleco y escribiendo sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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