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Recordamos ‘Funeral’, el debut de Arcade Fire

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Ya han pasado diez años. Eran otros tiempos: nada de mensajes en las fachadas para promocionar los discos, nada de cortos de Spike Jonze. Todo lo contrario, de hecho. Hace diez años, unos tales Arcade Fire sacaron su disco de debut sin hacer mucho ruido. Bueno, no es que hiciese poco ruido, es que hasta tuvo que ser reeditado a los pocos meses del lanzamiento original para hacer frente a semejante demanda.  Lo que había empezado como el proyecto de buhardilla de Win Butler y Josh Deu —que dejó el grupo en 2003 y seguramente esté abriéndose la cabeza contra la pared en estos momentos— se convirtió en un fenómeno masivo, en el nuevo grupo del milenio.

Ya con Régine Chassagne —actual esposa de Win Butler— en el grupo y afincados en Montreal, comenzó una extensa ida y venida de miembros que todavía continúa en estas fechas. Desde la creación del grupo hasta el lanzamiento de Funeral, unos quince músicos formaron parte de Arcade Fire. Esto, que ahora está más normalizado, se veía como una auténtica locura en su época y nos hace entender la extensa paleta musical con la que siempre han trabajado. Llámalo art-rock, indie, pop barroco o rock avant-garde-impresionistavegano, pero nunca se había hecho nada igual. Por eso Funeral sigue sonando tan novedoso como el primer día y por eso todos los grupos que se empeñan en imitarles fallan con estrépito.

Diez años después, sigue siendo difícil señalar un par de razones que hacen tan bueno  a Funeral. Cojamos ‘Neighborhood #1 (Tunnels)’, por ejemplo. Tienes una de las mejores melodías que han aparecido en un disco de pop del último siglo, sí, pero también se podría hablar de cómo la guitarra, el piano y hasta las cuerdas pasan a ser parte de la sección rítmica; o de la voz de Win Butler rompiéndose a los tres minutos. Sin embargo, puede que haya que apartar todo aspecto técnico y teórico para llegar a entender Funeral por completo. Puede que lo realmente importante sea precisamente eso, la voz de Butler rota, gritando cuando canta sobre sus padres. David Byrne —que acabaría colaborando con Arcade Fire— dijo una vez que cuanto mejor fuese la voz de alguien, más difícil sería creerse lo que canta. Ahí reside el romanticismo de canciones como ‘Une Année Sans Lumiere’, que te hace cómplice de una ternura difícil de alcanzar con una producción más cuidada o unas cualidades técnicas superiores.

Funeral es, precisamente, un disco fácil de creer. No ya solo por la historia que hay detrás de él —el título del álbum viene por los numerosos fallecimientos de familiares del grupo—, sino por la propia música. Épica, sí, pero no hay nada forzado. Ni siquiera las letras, que poseen un peso emocional pocas veces visto. Si nos ponemos a comparar, no quedan muy lejos de las de In The Aeroplane Over The Sea (1998, Merge), de sus compañeros de discográfica Neutral Milk Hotel. Ambos  discos comienzan oponiendo el amor adolescente y supuestamente puro al adulto: si en ‘The King of Carrot Flowers Pt.1’ el protagonista intimaba con una chica mientras la madre de ella le clavaba un tenedor en el hombro a su marido, en ‘Tunnels’ los dos amantes adolescentes excavan un conducto para poder verse y evadirse de las peleas de sus padres. También hay conflicto familiar en ‘Neighborhood #2 (Laika)’, algo más fantástico, eso sí; y con mucho más apoyo en lo rítmico pese a no descuidar el aspecto melódico, algo que se repetirá en la cuarta pista, una trepidante ‘Neighborhood #3 (Power Out)’ que se convierte en una auténtica locura ruidosa cuando es trasladada al directo.

La subida de revoluciones no dura mucho, ya que a continuación llega ‘Neighborhood #4 (Kettles)’, que cierra la tetralogía neighbourhood de forma solemne pero menos convincentemente que sus hermanas. Lo que se desconoce la primera vez que se escucha el álbum es que tal solemnidad está colocada deliberadamente para que sea ‘Crown Of Love’ la que la continúe. Esta balada a piano de dimensiones bíblicas se las apaña para dejar respirar a los arreglos de violín de Owen Pallett, que acaban convirtiéndose en el centro del tema al llegar a la exagerada subida de tempo del último minuto.

En realidad, ‘Kettles’ y ‘Crown Of Love’ funcionan como un puente a ‘Wake Up’, punto álgido en cuanto a intensidad. De nuevo, más exaltación y llamamiento a los niños, que son el tema recurrente de Funeral. El “niños, niños, futuro, futuro” llevado a la música alternativa, vamos. Es, eso sí, impecable musicalmente y con un buen uso de sus armas: patrón rítmico sencillo, estribillo a varias voces sin letra y un final algo más alegre y esperanzador, similar a lo acontecido en la pista anterior.

Si ‘Wake Up’ es el final de una parte del disco más apasionada, ‘Haiti’ abre una nueva, relativamente alegre y movida. Régine Chassagne, en este momento con bastante mejor voz que su marido, nos canta en inglés y francés sobre la tierra de sus antepasados, todo con un aire tropical al que se prestan bajo y xilófono. Y mientras el pop pegadizo y épico de ‘Rebellion (Lies)’ no anda precisamente falto de intensidad, sí está exento de la melancolía que había invadido el resto del disco y más dispuesto al puro espectáculo.  Todo acaba con ‘In The Backseat’, mucho más apaciguada y que cuenta, de nuevo, con los tonos altos de la voz de Chassagne para rematar el álbum con de forma sobresaliente.

Hay algo en Funeral que falta en otros grandes debuts de la década pasada (Turn On The Bright Lights, Is This It?, Oh, Inverted World, etc.): el sentido de la atemporalidad. Abbey Road no suena como si estuviera atado a los 60, al igual que tampoco lo hacen The Queen Is Dead o Daydream Nation con los 80. Esa es la liga en la que juega Funeral; un disco suficientemente interesante y novedoso como para que no puedan existir comparaciones previas. Guste o no, fue el inicio de algo. Algo que ha acabado degenerando en Of Monsters And Men y demás atrocidades, pero eso también sucedió con el grunge y el britpop. Esta década ha servido para reforzar una postura: fuera o dentro de su correspondiente contexto, Funeral está entre los mejores discos de pop jamás grabados. Y aquí hay alguien completamente convencido de que veremos afirmaciones aún más rotundas dentro de otros diez años.

Nota Arcade

Alberto

Madrid, '94. En contra de muchas cosas y a favor de unas cuantas.

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